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domingo, 30 de junio de 2013

'Spartacus', un final de leyenda

“There is no greater victory than to fall from this world… a free man”

Contar una historia, cuyo final es más que conocido, manteniendo la intensidad y el interés de los que escuchan no es nada sencillo, pero con ‘Spartacus: War of the damned’ lo han conseguido. Todos conocemos el destino final de Spartacus, ¿verdad? La gran pregunta era si en la serie llegarían a mostrárnoslo en pantalla, si nos dejarían con un cliffhanger cuyo desenlace supondríamos o si se atreverían a dar su propio final a la historia. A partir de aquí, spoilers por doquier.

¿Llega a morir Spartacus? La respuesta es sí, pero realmente es lo de menos. La cuarta temporada de ‘Spartacus’ ha sido entretenida de principio a fin. Por fin vemos al ejército de rebeldes, cada vez más numeroso, tratar de tú a tú a las altas esferas de Roma y plantarse incluso a las puertas de su envidiada ciudad. Por fin vemos a un rival que planta pelea y realmente es un desafío para la rebelión. El viaje ha sido largo, de tres temporadas y una precuela, pero ha merecido la pena. No tanto por el final, que ya se conoce, sino por lo que hemos disfrutado hasta llegar.

Las dificultades de ser Spartacus

Recuerdo que, cuando hace un par de temporadas hacía la review de ‘Spartacus’, una de mis quejas es que me parecía imposible que un ejército tan pequeño pudiera causar tanto daño a las grandes (y profesionales) legiones de Roma. En esta nueva temporada se ven de verdad los grandes ejércitos de esclavos (recreados por ordenador y a veces de manera un poco artificial, sí, pero están ahí a fin de cuentas).

La rebelión ya ha recorrido mucho camino desde que dejaran Capua. Ya no son cuatro amigos descontentos con Roma, y es que allá por donde van Spartacus y sus hombres son decenas los esclavos que deciden unirse. Esto conlleva numerosas dificultades añadidas para Spartacus, que además de preocuparse por los romanos, tiene que hacerlo también por sus propios hombres.

Con un grupo tan grande y heterogéneo, existen divisiones sobre la estrategia a seguir. Algunos opinan como Crixus y Naevia (por cierto, ¿soy la única que ha pasado de adorar el personaje de Naevia a querer que se la cargaran de una vez por pesada?), considerando que hay que atacar de manera frontal a los romanos, dejando de huir. Spartacus no lo ve así, ya que es muy arriesgado y no hay que olvidar que los rebeldes no son tan sólo gladiadores: hay gente mayor y niños que no pueden pelear.

Este desacuerdo acaba llegando al campo de batalla, con un enfrentamiento entre Crixus y Spartacus que termina con Crixus liderando a un grupo de soldados por su cuenta, mientras Spartacus decide escapar. Un movimiento que seguramente haya costado la derrota a la rebelión o que quizás haya servido para conseguir que algunos esclavos consiguieran huir por el norte de Italia. O ambos.

Las dificultades no se terminan ahí. Spartacus se ha caracterizado durante toda la serie por su mesura y su justo comportamiento ante el enemigo, a pesar de que éste nunca haya tenido la misma consideración. Algunos de los esclavos consideran que éste es uno de sus puntos débiles y llegan a tomarse la justicia por su mano, atacando a romanos capturados. Al final, uno de los grandes enemigos de la rebelión fue ella misma: llegó a hacerse tan grande que, incluso para Spartacus, era imposible controlar.

Crassus, el primer rival a la altura

¿Quién iba a pensar que ‘Spartacus’ y su grupo de miserables esclavos iban a traer de cabeza a la excelentísima Roma? Eso fueron creyendo rival tras rival, cayendo uno tras otro víctimas de su incomprensión por quién era el gladiador al que nadie podía derrotar. Esto se acabó con la llegada de Crassus, un noble romano poderoso y arrogante pero también un gran estratega militar.

La primera escena de Crassus en la serie es reveladora: lucha en una “arena” simulada contra Hilarus, un gladiador de primera. Su estilo no es para nada romano, sino que se adapta a las técnicas que utilizan los gladiadores. Quiere saber cómo piensa Spartacus, quiere saber cómo pelea, quiere entenderle… en definitiva, quiere ganarle, y para ello sabe que debe hacer todo eso antes. No es casualidad que encargue a Caesar que se infiltre entre los rebeldes para conocer antes de nada cómo funciona.

A diferencia de sus predecesores, Crassus no cree que los esclavos sean seres inferiores (prueba de ello es su historia de amor con Kore, a la que llega a prometerle libertad y una vida tranquila antes de que ella le traicionara). Él es un hombre rico, sí, pero cuyo ascenso se forjó desde la nada absoluta. Por eso tampoco quiere darle a su hijo Tiberius todo hecho y no duda en castigarle con mano de hierro, ni a él ni a cualquier romano que crea que se lo merezca.

Al final de la temporada, y después de sufrir numerosos reveses, Crassus sale victorioso en la guerra pero derrotado en lo personal. Kore, su querida esclava, es colgada en una cruz junto al resto de rebeldes que sobrevivieron la batalla después de traicionarle y matar a su hijo Tiberius. Para más colmo, Pompey se lleva la gloria de la victoria. Muere Spartacus, sí, pero primero el esclavo le derrota a él. Eso sí, Crassus reconoce, justo antes de comenzar la pelea, que le hubiera gustado que Spartacus fuera romano.
Algunos detalles que no pasan desapercibidos

Precioso el momento de Gannicus reencontrándose con Oenomaus. A pesar de ser un hombre libre, termina muriendo en la cruz por convicción.

Siendo ‘Spartacus’ estaba claro que habría sangre y sexo por todos los sitios, pero esta temporada me ha parecido quizás la más sangrienta hasta la fecha.

Casi todos los personajes, a los que hemos cogido cariño durante estos años, mueren inevitablemente en la pelea final. Agron y Nasir son prácticamente los únicos que se salvan.

Dos personajes que no me han terminado de convencer: Sibyl (la esclava que salva Gannicus) y Laeta (la romana que acoge de prisionera Spartacus y que termina convirtiéndose en esclava), metidos demasiado tarde quizás y un poco a la fuerza.

Posiblemente se me olvide comentar varias cosas importantes, síntoma de algo que me ha gustado bastante de esta temporada de ‘Spartacus’: el ritmo es endiablado y pasan muchas cosas en muy pocos capítulos, dejándote siempre con ganas de más.

En memoria…

No podíamos terminar esta reseña sin antes pararnos a recordar otros personajes que nos dejaron y, sobre todo, a Andy Whitfield. El primer actor que dio vida a ‘Spartacus’ en la serie sigue estando muy presente para todos los que la hemos seguido, pero también para el equipo. Sobre estas líneas tenéis el vídeo de despedida que se emitió tras los créditos, en el que un “I am Spartacus” gritado por Andy que deja helado a cualquiera.

También hay que reconocer que Liam McIntyre, el actor que le sustituyó en el papel protagonista, ha estado impecable en la tercera temporada. Si bien al comienzo de su andadura como Spartacus se le notaba algo fuera de lugar, con el paso de los capítulos McIntyre nos muestra qué vieron en él los productores de la serie cuando le escogieron para la difícil tarea de suplir a Whitfield. Sólo con la mirada, el actor es capaz de transmitir desde autoridad y responsibilidad hacia sus compañeros esclavos hasta el amor y ternura que siente al ver un bebé.



¿Posible continuación?

Con Spartacus caído en la batalla con Crassus, con Crixus y Naevia eliminados en combate, con Gannicus (posiblemente uno de los mejores personajes) colgado de la cruz… ¿merecería la pena ver algún tipo de continuación de ‘Spartacus’? En mi opinión, sí, y por dos poderosas razones: Crassus y Caesar. Ambos personajes han sido dos de las grandes referencias de esta temporada y podrían dar mucho juego con una serie para ellos mismos.


Sin embargo, entiendo las reticencias de Starz, que todavía no se ha decidido a dar la luz verde a un posible spin-off con Crassus y Caesar de protagonistas. Una continuación que se centraría en el Primer Triunvirato y que seguramente tendría un marcado carácter político, más que ser una serie de acción y pelea como la serie original. Eso sí, yo la vería. ‘Spartacus’ nos ha dejado cinco años de entretenimiento puro, una duración ideal para una serie de esas características. Yo, al menos, no me quejaría si Crassus y Caesar cogieran el relevo.

Agron: “One day Rome shall fade and crumble. Yet you shall always be remembered in the hearts of all that yearn for freedom.”